martes, 7 de abril de 2015

"¿Quién es este tipo y por qué nunca he escuchado de él?", por Dale Ahlquist

[NOTA: Les comparto una traducción libre y personal de este artículo de la Asociación Americana de Chesterton ("ACS" por sus siglas en inglés), originalmente escrito en inglés. Está firmado por Dale Ahlquist, presidente de dicha asociación y personaje que ha dedicado toda su carrera a difundir y promover la obra de Chesterton. La página de la ACS contiene gran variedad de temas para profundizar en este escritor y pensador del siglo XX y de su vasta y fascinante obra. Si por primera vez te estás haciendo esta pregunta sobre Chesterton: "¿Quién es este tipo y por qué nunca he escuchado de él?", este es el artículo que TIENES que leer.]




"¿Quién es este tipo y por qué nunca he escuchado de él?"por Dale Ahlquist


He escuchado esa pregunta más de una vez. Es planteada por personas que acaban de comenzar a descubrir a G.K. Chesterton. Han empezado a leer un libro de Chesterton, o tal vez vieron un ejemplar de Gilbert, o tal vez solo se han encontrado con una serie de concisas citas que articulan maravillosamente algún trocito de olvidado sentido común. Hacen esta pregunta en una mezcla de asombro, gratitud y... resentimiento. Están impresionados por lo que han descubierto. Están agradecidos por haberlo descubierto. Y están casi enojados por que les haya tomado tanto tiempo hacer el descubrimiento.

“¿Quién es este tipo...?”

Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) no puede ser sintetizado en una oración. Ni en un párrafo. De hecho, a pesar de las finas biografías que se han escrito de él, jamás ha sido capturado dentro de las portadas de un solo libro. Pero más que esperar separar a las ovejas de los cabritos, digámoslo simple y llanamente: G.K. Chesterton fue el mejor escritor del siglo XX. Dijo algo sobre todo y lo dijo mejor que nadie más. Pero él no era un mero forjador de palabras. Era muy bueno al momento de expresarse, y lo más importante, tenía algo muy bueno qué expresar. La razón por la que fue el mejor escritor del siglo XX es que también fue el mayor pensador del siglo XX.

Nacido en Londres, G.K. Chesterton fue educado en St. Paul’s, pero nunca fue a la universidad. Fue a la escuela de arte. En 1900 le solicitaron que contribuyese con algunos artículos de crítica de arte a una revista y al final se convirtió en uno de los más prolíficos escritores de todos los tiempos. Escribió alrededor de 100 libros, contribuciones a más de 200, cientos de poemas, incluyendo la épica Balada del Caballo Blanco, cinco obras de teatro, cinco novelas, y unos doscientos cuentos, incluyendo la popular serie protagonizada por el sacerdote-detective, el Padre Brown. A pesar de sus logros literarios, se consideraba primeramente un periodista. Escribió más de 4 mil ensayos para periódicos, incluyendo 30 valiosos años de columnas semanales para el Illustrated London News, y 13 años de columnas semanales para el Daily News. También editó su propio periódico, G.K.’s Weekly. (Para ponerlo en perspectiva, cuatro mil ensayos es el equivalente a escribir un ensayo diario, cada día, por once años. Si no te impresiona, trata de hacerlo alguna vez. Pero tienen que ser buenos ensayos –todos ellos– tan divertidos como serios, y tan legibles como satisfactorios luego de un siglo de haberlos escrito).

Chesterton se encontró igualmente a gusto con la crítica literaria y la crítica social, historia, política, economía, filosofía, y teología. Su estilo es inconfundible, siempre marcado por la humildad, la consistencia, la paradoja, el ingenio y el asombro. Su escritura permanece tan vigente como cuando apareció por primera vez, aún si mucha de ella fue publicada en diarios para rápido desecho.

Este hombre que compuso líneas tan profundas y perfectas como “El ideal cristiano no fue probado y encontrado insuficiente; fue encontrado difícil y dejado de lado”, medía 1 metro 95 y pesaba unas 300 libras, usualmente tenía un cigarro en su boca, y caminaba por ahí usando una capa y un sombrero abollado, pequeños anteojos al final de su nariz, bastón de estoque en mano, y una carcajada soplando por su bigote. Y usualmente no tenía idea de dónde o cuándo era su siguiente cita. Hizo mucha de su escritura en estaciones de tren, puesto que usualmente perdía el tren que debía alcanzar. En una famosa anécdota, telegrafió a su esposa diciendo: “Estoy en Market Harborough. ¿En dónde debería estar?”. Su leal esposa, Frances, cuidaba todos los aspectos de su vida, puesto que continuamente demostraba que no tenía forma de hacerlo por sí mismo. Ella fue asistida más tarde por una secretaria, Dorothy Collins, quien se convirtió en la hija adoptiva de la pareja, y se convirtió en la albacea literaria del escritor, continuando así a hacer público su trabajo luego de su muerte.

Este despistado, sobredimensionado elfo de hombre, que se reía de sus propias bromas y entretenía a los niños en las fiestas de cumpleaños al atrapar bollos en su boca, este fue el hombre que escribió un libro llamado El hombre eterno, que llevó a un joven ateo llamado C.S. Lewis a convertirse al cristianismo. Este es el hombre que escribió una novela llamada El Napoleón de Notting Hill, que inspiró a Michael Collins a liderar un movimiento por la Independencia de Irlanda. Este fue el hombre que escribió un ensayo en el Illustrated London News que inspiró a Mohandas Gandhi a liderar un movimiento que acabaría con el gobierno colonial británico en la India. Este fue el hombre que, cuando se le comisionó escribir un libro sobre Santo Tomás de Aquino, hizo a su secretaria sacarle una pila de libros sobre Santo Tomás en la biblioteca, abrió el libro que estaba hasta arriba de la pila, lo ojeó, lo cerró, y procedió a dictar un libro sobre Santo Tomás. No sólo cualquier libro. El renombrado académico tomista, Étienne Gilson, dijo esto de él:

Considero que es [el libro] sin ninguna comparación posible el mejor libro escrito alguna vez sobre Santo Tomás. Nada corto de genio puede reclamar tal logro. Cualquiera admitirá sin ninguna duda que es un libro “ingenioso”, pero los pocos lectores que han pasado veinte o treinta años estudiando a Santo Tomás... no fallarán en percibir que el así-llamado “ingenio” de Chesterton ha puesto su trabajo académico en la vergüenza. Él ha supuesto todo aquello que nosotros hemos tratado de demostrar, y ha dicho todo aquello que ellos expresaron más o menos torpemente con sus fórmulas académicas. Chesterton fue uno de los pensadores más profundos que jamás han existido; era profundo porque estaba en lo correcto; y no podía evitar no estar en lo correcto; pero no podía evitar tampoco ser modesto y caritativo, así que le dejó a otros que pudieran entenderle el saber que él estaba en lo correcto, y que era profundo; y a los demás, se disculpó por estar en lo correcto, y les compensó el ser profundo con ser ingenioso. Eso es todo lo que ellos pudieron ver de él.

Chesterton debatió con muchos de los más celebrados intelectuales de su tiempo: George Bernard Shaw, H.G. Wells, Bertrand Russell, Clarence Darrow. Según crónicas contemporáneas, Chesterton emergía usualmente como el ganador de tales disputas, sin embargo, el mundo ha inmortalizado a sus oponentes y ha olvidado a Chesterton, y ahora sólo oímos un lado del argumento, y han perdurado así los legados del socialismo, relativismo, materialismo, y escepticismo. Irónicamente, todos sus oponentes consideraron a Chesterton con el mayor afecto. Y George Bernard Shaw dijo: “El mundo no es lo suficientemente agradecido por [tener a] Chesterton.”

Su escritura ha sido alabada por Ernest Hemmingway, Graham Greene, Evelyn Waugh, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez, Karel Capek, Marshall McLuhan, Paul Claudel, Dorothy L. Sayers, Agatha Christie, Sigrid Undset, Ronald Knox, Kinglsey Amis, W.H. Auden, Anthony Burgess, E.F. Schumacher, Neil Gaiman, y Orson Welles. Por nombrar algunos pocos.

T.S. Eliot dijo que Chesterton “merece una concesión permanente de nuestra lealtad.”

“...y por qué no he escuchado de él?”

¿Por qué no has escuchado de él?

Hay tres respuestas a esta pregunta:

1. No lo sé.
2. Te engañaron.
3. Chesterton es el más injustamente abandonado escritor de nuestro tiempo. Quizás es una prueba de que la educación es demasiado importante como para quedar en manos de los educadores y que la edición de libros es demasiado importante como para ser dejada a los editores de libros, pero no hay una excusa a por qué Chesterton ya no es enseñado en nuestras escuelas y por qué sus textos no son más ampliamente reimpresos y especialmente incluidos en antologías colegiales. Bueno, hay una excusa. Parece que Chesterton es difícil de clasificar, y si un escritor no puede ser consignado rápidamente a una categoría, o una descripción de una palabra, corre el riesgo de caerse por las grietas. Aún si pesaba trescientas libras. Pero hay otro problema. Los pensadores modernos y los comentadores y críticos han encontrado mucho más conveniente ignorar a Chesterton que enfrentarse a él en un argumento, porque argumentar con Chesterton es perder.

Chesterton argumentó elocuentemente contra todas las tendencias que eventualmente se apoderaron del siglo XX: el materialismo, el determinismo científico, el relativismo moral, y débil agnosticismo. También argumentó tanto contra el socialismo como el capitalismo y mostró por qué ambos han sido enemigos de la libertad y la justicia en la sociedad moderna.

¿Y a favor de qué argumentaba? ¿Qué es lo que defendía? Defendía al “hombre común”, y al sentido común. Defendió a los pobres. Defendió a la familia. Defendió la belleza. Y defendió el cristianismo y la fe católica. Estos ya no juegan bien en el salón de clase, en los medios, o en la arena pública. Y esa es probablemente la razón de su abandono. El mundo moderno prefiere escritores que son snobs, que tienen ideas exóticas y bizarras, que glorifican la decadencia, que se mofan del cristianismo, que niegan la dignidad de la pobreza, y que piensan que libertad significa “no responsabilidad”.


Pero aún si Chesterton ya no es enseñado en las escuelas, tú no puedes considerarte educado hasta que hayas leído a Chesterton exhaustivamente. Y más aún, leer a Chesterton exhaustivamente es casi una educación completa en sí misma. Chesterton es, en efecto, un maestro, y del mejor tipo. No asombra simplemente. No sólo realiza la maravilla de hacerte pensar. Va más allá de eso. Te hace reír. FIN.

[O INICIO, como lo quieras ver]*



*Mi nota.

Si llegaste hasta aquí, ¡ahora tienes que empezar a leer! Dos páginas útiles para empezar a adentrarte en el mundo de Chesterton:


martes, 2 de diciembre de 2014

Muñecas de papel de princesas de Disney

























Aquí hay algunos diseños para muñecas de papel basados en las princesas de Disney. Fueron diseñadas por el artista Cory Jensen (aquí puedes ver más de su trabajo) y queda muy bien imprimirlas sobre papel grueso, de 120 gramos en adelante (idealmente opalina de 180 gramos; en Guatemala se puede encontrar en Office Depot a Q7 cada una). ¡Muy divertidas para hacer actividades con niñas pequeñas!

[Para obtener las imágenes con calidad de impresión, haz click derecho sobre la imagen y elige abrirla en una nueva ventana o pestaña].













jueves, 13 de noviembre de 2014

Tolkien a la defensa de la fantasía


J.R.R. Tolkien es un autor destinado a sorprender. Ya en sus días de catedrático de literatura y filología inglesa (más bien, anglosajona y nórdica), sorprendió al mundo con la creación de un universo de ficción mítica (hoy diríamos "novelas de fantasía") en plena época del naturalismo y realismo literarios, en los días del psicoanálisis, de la física cuántica y la teoría de la relatividad, en los albores del estructuralismo y otro sinfín de corrientes mayoritariamente materialistas, cientificistas y como lo diría Chesterton, otro gigante del pensamiento a quien Tolkien, si lo vemos a fondo, definitivamente admiraba *pesimistas*. Tolkien, en el (lamentablemente) superficial escenario cultural moderno, habría resultado como un erudito de lo más pesado. En efecto, el hombre (el verdadero Tolkien de carne y hueso) mostró desdén por las "asociaciones de elfos" que empezaban a formarse en los Estados Unidos (hoy diríamos "Club de Fans") y, en cambio, nunca olvidó aquella vez que un hombre exclamó en un campamento, en respuesta a una discusión que ahora resulta irrelevante: "Sí, ¡creo que expresaré el caso acusativo por medio de un prefijo!". Pues, en verdad, Tolkien es la clase de sujeto que habría encontrado más gracia en un chiste de gramática que en el nuevo video de seguridad que parodia la Tierra Media de Air New Zealand. Tolkien era un hombre serio, pero con gran optimismo y entusiasmo por la vena más poderosa y mágica "mágica" de verdad de la experiencia humana: el lenguaje.

Quizá una de las cosas más importantes que valdría la pena recordar ahora sobre Tolkien, sobre todo en medio de la vorágine de películas, videojuegos, y tanto tipo de merchandising derivado de las adaptaciones cinematográficas de Peter Jackson, es que el universo de la Tierra Media no fue concebido para ser una franquicia (aunque muchos disfrutemos infinitamente de la música que para ella creó Howard Shore, de las interpretaciones inolvidables de Ian McKellen, Viggo Mortensen y Martin Freeman, por mencionar algunos, o de la no menos espectacular dirección de arte de los juegos y películas). No. Antes de ser una franquicia super exitosa a más de 60 años de su primera aparición pública, las historias de la Tierra Media fueron concebidas como una auténtica mitología. Y para Tolkien, y esto es lo más importante, esto significa que son historias verdaderas; pues Tolkien, que había estudiado la verdadera simiente mitogenética contenida en el lenguaje humano sabía algo que muchos de los pedantes o superficiales antropólogos y menores intelectualoides de la edad contemporánea ignoran: que mito y fantasía no son sinónimo de "mentira", "farsa" u otro tipo de sustituto para la ciencia u autoengaño psicológico "para soportar la angustia de la existencia". La mitología es real y es verdadera. Al menos, para Tolkien lo era y concebir El Hobbit o El Señor de los Anillos bajo otro enfoque es perderse la mejor parte de la creación poética de este autor.

Por supuesto que afirmar que la mitología era verdadera para Tolkien es una afirmación que exige matices, pero estos matices no suponen poner en cuestión la veracidad de las historias en realidad, la "veracidad" no tiene nada qué ver. Los pragmáticos y materialistas no podrán nunca compartir la visión de Tolkien ni disfrutar la fantasía en toda su plenitud así como éste la concibió, y por lo tanto siempre vivirán bajo la oscura ceguera de quien ya dio por entendida una de las regiones más misteriosas del espíritu humano: la concepción de la magia y el Reino de la Fantasía. Tolkien dijo una vez: "Fantasía no puede quedar atrapada en una red de palabras [es decir, un cuento, un mito o la definición teórica de estos fenómenos]; porque una de sus cualidades es la de ser indescriptible, aunque no imperceptible." Por ahora baste decir que, para este autor, aquello que concierne a la Fantasía no era exclusivo para un mundo infantil, así como lo concibe el hombre moderno (ése que ya imagina que lo sabe todo de la Fantasía cuya principal cualidad, por supuesto, es que Fantasía es Mentira).

Leer a Tolkien, así pues, debería ser toda una experiencia de exploración antropológica profunda. No basta... ¡es más!, es un desperdicio leer sus obras de la Tierra Media con el simple deleite de quien tiene un circo frente a sus ojos, observando una pantomima que pretende divertirlo y distraerlo, sin que nada de lo que ahí se presente pueda o pretenda afectar su propia alma. Aprovechar la genialidad del hombre detrás de la Tierra Media implica entender su rico y profundo y filosófico pensamiento acerca de la poética, de la mitología (concretamente, de la mitopoética, de la "creación de mitos"), de aquello que él llamaba mythopoeia y que plasmó bellamente en un poema del mismo nombre.

José Miguel Odero, autor de la obra J.R.R. Tolkien, Cuentos de Hadas, propone “La poética tolkiniana como clave para una hermenéutica sapiencial de la literatura de ficción”; en otras palabras, como llave (clave) para leer obras de ficción, para hallar sentido un sentido real y verdadero, provechoso, "sapiencial", profundo a las obras de fantasía. Con alusiones muy oportunas al gran compañero literario de Tolkien, C.S. Lewis, este libro profundiza en las ideas que valieron tanto prestigio a estos dos autores ingleses que, en pleno apogeo de una era industrial y bélica, tuvieron tan alto impacto en la literatura mundial con historias llenas de magia y mitología medieval.

El anterior libro de Odero, ¡y más aún!, el ensayo original de Tolkien en el cual el primero basa su tesis: "Sobre los cuentos de hadas", publicado en la obra Los monstruos y los críticos, y otros ensayos, supone una maravillosa defensa de la valía de la literatura fantástica, mucho más allá del círculo de explotación comercial para la industria del entretenimiento a la cual nos hemos acostumbrado. Ya Tolkien mencionaba que muchas personas consideran que la literatura fantástica es nada más alguna forma de “evasión de la realidad” que, en el fondo, no hace nada sano en la mente del hombre ni sirve de nada al progreso de la humanidad o el bien de la sociedad (una ridiculización de tipo quijotesca, donde las fantasías son tomadas por auténticos delirios de grandeza y simples locuras). Y en este asunto, la cosa más curiosa una paradoja que Tolkien tuvo que haber aprendido de Chesterton es que Tolkien defiende, precisamente, el valor de "la Fantasía como evasión” sin entrar en los aburridos y pesimistas rollos psicoanalíticos. Tolkien lo argumenta de modo tan genial que prefiero darle la palabra a él y citarlo en las siguientes líneas: 

“He afirmado que la Evasión constituye una de las funciones principales de la fábula, y como no la desapruebo, es evidente que rechazo el tono despreciativo o compasivo que hoy denota tantas veces el término (...) ¿Por qué ha de ser despreciado el hombre que, estando encarcelado, intenta fugarse y volver a casa? ¿O bien, si no es posible aquello, piensa y habla de otros temas que no sean los carceleros y los muros de la prisión? El mundo externo no resulta menos real por el hecho de que el prisionero no pueda verlo" 

Tolkien legitima esa fuga hacia la verdadera realidad, que va más allá de la visión chata, mostrenca y convencional del mundo. Por eso dirá que no se debe confundir arteramente la Evasión del Prisionero con la Fuga de un Desertor

"No pienso que el lector o el inventor de cuentos fabulosos deban avergonzarse de la evasión que radica en la arcaicidad [en lo antiguo]: de la preferencia decidida, no digo por dragones, sino por caballos, castillos, navíos de vela, arcos y flechas; no sólo por elfos, sino también por caballeros, reyes, sacerdotes. ¿Por qué va a negársenos el derecho de condenar implícitamente, con el silencio, "cosas progresistas como las fábricas o como la ametralladora y las bombas que parecen ser sus más naturales e inevitables, digamos inexorables, productos? (...) Es injusto, pues, suponer que la Fantasía anula o destruye la razón y el deseo de verdad científica. Al contrario, cuanto más aguda y clara sea la razón, mejores fantasías producirá". 

Irónicamente, cuando Tolkien defiende la Fantasía, está defendiendo la verdadera esencia del mundo (en la que los autores modernos de su época ya no creían).


Ahora bien, sería un cinismo, llegado a este punto, compartir las ideas sobre la Fantasía presentes en Tolkien y obviar, como si fuese irrelevante, la espiritualidad que las inspiran. El hombre que dice "Sobrenatural es una palabra peligrosa y ardua en cualquiera de sus sentidos (...) y es difícil aplicarla a las hadas, a menos que sobre se tome meramente como prefijo superlativo. Porque es el hombre quien, en contraste con las hadas, es sobrenatural (y a menudo de talla reducida), mientras que ellas son naturales, muchísimo más naturales que él" no está contando cuentos. Para quienes así lo prefirieran, el compromiso de Tolkien con la mística de las obras de la imaginación tampoco es el resultado de una espiritualidad vaga y abstracta. Todo autor, ya sea consciente o inconscientemente, escribe su autobiografía en cada línea que escribe y, por ende, siendo Tolkien una persona de profunda espiritualidad (en concreto, católica), es casi natural que su obra esté llena de ésta también. Y de hecho lo está, aunque muy sutilmente, y no por eso a un nivel de forzada condescendencia. Está a nivel nuclear y estructural. 

Contrario a la literatura apologética de su gran amigo C.S. Lewis, Tolkien no buscaba crear paralelismos evidentes por medio de alegorías, ante todo por el hecho de que el cosmos entero, y la cultura humana, con su lenguaje y su imaginación es ya, de por sí, una auténtica alegoría para él (un "Otro-que-habla" por medio de las imágenes del mundo). Toda la mitología, como la veía Tolkien, si bien no son verdades completas que impliquen una Revelación, está llena de “teología natural” con lecciones muy conmovedoras, especialmente acerca de la Creación y lo que significa "crear". A propósito de El Señor de los Anillos decía el autor: “Estoy construyendo una gran canción y una oración alrededor de un buen relato”. Y Odero nos comparte otra anécdota: 

“Se emocionó [Tolkien] en alguna ocasión cuando un lector no creyente le hizo saber cómo –en su opinión– “cierta fe está presente en todos los rincones de su libro, como una luz que viene de una lámpara invisible”. Otro lector también aludió a la “salud y santidad” que produce su lectura. Tolkien les contestaba: “Si la santidad se halla en esta obra o como una luz difusa la ilumina, no es que llegue desde el autor sino a través de él. Y ninguno de ustedes podría advertirla en estos términos si no estuviera con ustedes también”. 

Si la realidad era fuente de diálogo divino, ¿no podría la imaginación humana transmitir esos mismos diálogos, por medio del más maravilloso lenguaje, a través de la lectura de la mitología y la fantasía, expresar así eso inefable que agita el corazón de anhelos intensos? ¿No hay más que estímulos de serotonina en las vibrantes historias de portentos y proezas épicas y heroicas que obras como El Señor de los Anillos y toda la tradición de Fantasía que la anteceden provocan en sus audiencias? "¿Qué es la poética, realmente?", ésa es la cuestión que catapulta toda la creación, o "sub-creación de la Tierra Media" que es el concepto que prefería Tolkien. Un teórico de la literatura, Muñoz Meany, dice sobre la poesía (entendida en un sentido amplio): "la poesía no se hace, sino que está en el mundo que nos rodea y en nuestra intimidad espiritual". 

Querer reducir a Tolkien a algo menos que esto es deliberadamente perderse la mejor parte de su obra, la que nos dice que no estamos leyendo un simple cuento sino que nuestro corazón anhelante también está en sintonizado con la añoranza y travesía de esos elfos que sueñan con alcanzar esa luz apacible que solo brilla en Valinor. Y probablemente, como ellos, descubramos que al final de ese largo y místico camino del conocimiento y la sabiduría y la contemplación y búsqueda de la Verdad hay un hobbit bailando sobre la posada del Dragón Verde, y celebrando, entre risas y carcajadas, que otra criatura de la Gente Grande finalmente entendió todo lo que las canciones habían cantado desde antaño.

Sam says...



FRODO
I can’t do this, Sam.

SAM
I know. It’s all wrong. By rights we
shouldn’t even be here. But we are.
It’s like in the great stories,
Mr. Frodo. The ones that really mattered.
Full of darkness and danger they were.
And sometimes you didn’t want to know
the end. Because how could the end be
happy? How could the world go back to
the way it was when so much bad had
happened? But in the end, it’s only a
passing thing, this shadow. Even
darkness must pass. A new day will come.
And when the sun shines it will shine
out the clearer. Those were the stories
that stayed with you. That meant
something, even if you were too small
to understand why. But I think,
Mr. Frodo, I do understand. I know now.
Folk in those stories had lots of chances
of turning back only they didn’t. They
kept going because they were holding
on to something.

FRODO
What are we holding on to, Sam?

SAM
There’s some good in this world, Mr.
Frodo. And it’s worth fighting for.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Tolkien says...



"It is unfair, then, to asume that Fantasy cancels or destroys reason and the desire of scientific truth. On the contrary, the more acute and clear is reason, the best fantasies it will produce".

lunes, 5 de diciembre de 2011

martes, 29 de noviembre de 2011

Upcoming Films (that are actually interesting/promising*)

Any other suggestions, PLEASE SHARE! :D









And some that deserve a nice and positive benefit of doubt!













AND... The Snow White Rally that gives me A LOT to think ><"